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El funky design hecho para divertirte

Hay algo que pasa cuando te vuelves adulto y es que empiezas a olvidarte del disfrute. Y sin darte cuenta, terminás viviendo en una versión bastante correcta (y hasta aburrida) de vos mismo.

Allí es donde entra el funky design. No como tendencia, sino como recordatorio de que se puede vivir con más juego, más ironía, más gozo y menos aprobación externa.

Pero, ¡pará! Antes de salir a mezclar colores como si tuvieras 15 años, es importante entender qué lo diferencia de otros estilos que parecen lo mismo, pero no lo son.

¿Qué es el Funky desing?

Se podría decir que dos palabras que abarcan lo que Funky Design trae personalización y disfrute.

Originario de la década de los 60, este estilo nace como un movimiento opuesto a la cultura del momento.

El funky design utiliza elementos como la fotografía, láminas, una amplia paleta de colores, objetos y detalles que divierten y a su vez hablan de la persona o la marca que habita esos espacios.

Es un poco de orden y desorden al mismo tiempo.

Diferencias entre el funky design y otros estilos

Es muy fácil caer en la idea de que el funky design es lo mismo que el maximalismo, la dopamina o el estilo ecléctico, pero la verdad es que no lo son.

Es por ello que a continuación te nombramos algunas diferencias entre estos estilos y el Funky desing.

Funky design y maximalismo: ¿son lo mismo?

Definitivamente no.

El funky design es provocativo, pero no acumulador; no necesita llenarse de piezas para hablar alto y fuerte.

Es más, puedes crear un funky design minimalista con solo utilizar elementos y colores que tengan personalidad, provoquen y sean divertidos.

En cambio, el maximalismo es un estilo que invita a más es más, nunca es suficiente.

Es como aquel amigo que no sabe cómo parar y que necesita demostrar en exceso quién es.

¿Y cómo lo hace el maximalismo?

A través de capas sobre capas, sumando textiles, objetos, colores, detalles, en fin, lo que se le ocurra.

El funky y el eclecticismo entre picardía y armonía

Si pensáramos estos estilos como si fueran hermanos, podríamos decir que el eclecticismo es el hermano que busca la armonía y el diálogo, y el funky es el hermano pícaro, al que le gusta incomodar o dejar las cosas en punto suspensivo.

Por ejemplo, el eclecticismo puede mezclar épocas, estilos y materiales buscando siempre la armonía; hay una conversa y un cierre.

En cambio, al Funky Design no le interesa hacer un cierre; siente que esa es justamente la parte divertida, dejar todo a la imaginación del otro, quiere inclusive hasta incomodar un poco de lo atrevido que puede ser.

¿La dopamina y el funky design quieren hacerte feliz?

La verdad que no.

El funky design no busca que seas feliz al estar en ese espacio, busca que estés presente, que te cuestiones cosas y lo hagas a través de la picardía y la diversión.

En cambio, la dopamina desing si deseas que seas feliz, que te sientas a gusto, que seas optimista; sea agradable aunque es fácil caer en esa felicidad tóxica.

Bien, ya nos dimos cuenta de las diferencias entre el Funky Design y otros estilos; ahora falta conocer:

¿Cómo llevás a la práctica el Funky desing sin que tu casa parezca un experimento fallido?

Lo primero es elegir un eje.

Siempre.

¿Por qué?

Porque el error más común es querer hacer todo funky al mismo tiempo, y no funciona así.

Escoge el piso, o una pared, o una parte de ese espacio a la que quieras darle un estilo funky.

Por ejemplo:

Podés combinar pisos vinílicos con sistema click en tonos blancos y negros o buscar los clásicos estilo damero para darle esa declaración de intención.

Esto sería un excelente marco para jugar con el resto del espacio; eso sí, recuerda no volverte loco con los niveles de intensidad porque sería insoportable estar allí.

Recuerda, juega con el contraste.

Otra opción es jugar con pisos de porcelanato o pisos laminados flotantes texturizados símil madera que te pueden servir para hacer de marco referencial y estabilidad visual, y luego sobre esa calma podés sumar lo funky en capas, ejemplo:

  • Una alfombra con mucha personalidad
  • Una lámpara con un diseño con mucho carácter
  • Un sofá con un color que no pide permiso, sino que dice mírame

Si tienes intención y contraste, seguramente lograrás un excelente funky design en ese espacio.

Porque el funky bien aplicado no es caos, es como ver una coreografía en apariencia desordenada pero milimétricamente ensayada.

Quizás el funky design te invita a reinventar el lujo hoy, que no va de tener cosas costosas sin propósito, sino de animarte a recrear espacios que no piden aprobación porque ya vos tenés claro quién sos.