Elegir un piso suele parecer una decisión en su mayoría estética; por ejemplo, encontrar un color que combine, una textura que nos guste o un acabado que acompañe el estilo elegido.
Pero, cuando pensamos en el espacio de manera integral, el piso ocupa un lugar bastante importante.
Se entiende que el piso no es solamente aquello que se coloca para completar una obra, sino que es una superficie que acompaña la forma en que las personas habitan, se sostienen y sienten un ambiente.

Un piso también responde a una forma de vivir
No existe un único e ideal piso para toda una vivienda.
Cada ambiente tiene necesidades diferentes que van directamente relacionadas con su función, la humedad, con lo que queremos que suceda, con la experiencia y hasta el comportamiento térmico.
Por eso, cuando vamos a elegir, es importante observar primero cómo se utilizará el espacio y quiénes lo habitarán.
Por ejemplo, una habitación necesita sentirse un lugar calentito, acogedor como un abrazo, cálido como un beso cuidado y donde el sonido se sienta como un susurro amoroso; en tal sentido, un piso laminado flotante, un piso prefinished les viene a la perfección.
En cambio, si vamos a un espacio donde huele a creatividad, donde se necesita tener foco y atención, vuelan las ideas; es posible que se necesite un piso que se adapte a la flexibilidad, como lo son los pisos vinílicos de alta gama o un piso de porcelanato símil madera.
Esto nos invita más a preguntarnos: “¿Qué piso tiene sentido para la vida que va a suceder acá?”.
Los pisos nos ayudan a pensar en cómo se siente un espacio
El diseño integral incorpora dimensiones que a simple vista pueden pasar desapercibidas.
Por ejemplo, la acústica y la iluminación.
En tal sentido, los pisos nos ayudan a crear un espacio donde estos elementos jueguen de manera armónica.
Por ejemplo, si vos tenés un proyecto de oficinas, sabes la importancia de la acústica y la iluminación natural como la artificial.

Entonces, ¿Cómo juegas con el piso para que estos elementos estén presentes en todos lados de la manera que se necesita?
Por ejemplo, utilizando pisos que se lleven bien con el sonido y puedan jugar con la luz dependiendo del tipo de iluminación que estás buscando dar.
Porque esto va a definir el nivel de confort, concentración, intimidad y calidez que le aportes al espacio.
Otro aspecto intangible es el que viene del Fractal Frequency, que no es otra cosa sino cómo nos comportamos frente a una serie de patrones que vemos en la naturaleza y que están presentes en materiales como las vetas de los pisos de madera o las formas en un piso de porcelanato símil piedra.
Todo lo que involucre una integración de los sentidos a la experiencia en el espacio va a generar un comportamiento dentro del lugar.

Respetar los procesos que sucederán en el espacio es otro aspecto clave a la hora de elegir un piso.
Los ambientes tienen ritmos, y estos ritmos están dados gracias a lo que sucede en sus espacios, a las personas que lo habitan, a los elementos que están en ellos.
Todo esto es una suma de factores que invita a una experiencia.
Respetar esos tiempos, esos procesos es vital, y un buen piso puede ser la pieza clave para que esto ocurra.
Por ejemplo, si tenés un espacio donde la calidez es una pieza importante, colocar un piso rígido como el mármol puede ser disonante.
En cambio, si colocás un piso que al caminar se sienta confortable, como un piso flotante, homogéneo o prefinished, la experiencia cambia.
Sí, por ejemplo, tenés espacios donde hay niños y personas mayores, un piso vinílico con click, a base de corcho o bambú o laminado flotante es un gran aliado.
Si tenés una galería de arte, un piso que dé carácter y presencia es fundamental, como lo es un piso de porcelanato, piso prefinished o flotante mamut.
En conclusión, elegir un piso es una decisión que incluye diseño y, también, inteligencia emocional.
Si buscás acompañamiento, llámanos; te vamos a ayudar a lograr el efecto que deseas en tus espacios.





