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Vivir en zonas remotas, ¿es un beneficio o nos juega en contra?

Si ves las noticias (sin importar el formato), la sensación para la mayoría es: Todo se fue a la M#”&%=

Seguramente, a alguno de ustedes en algún momento les ha pasado por la cabeza: me voy a ir al punto más lejano de… (Y aquí colocan el nombre que les venga a la cabeza) y voy a vivir aislado de este caos.

Es por ello que nosotros en Pewen Pisos hoy te traemos esta mirada sobre si vivir en zonas remotas, ¿es un beneficio o nos juega en contra?

Ojito, no pretendemos convencerte ni nada parecido; vos tenés criterio para saber qué hacés.

Importante: Para que no parezca algo completamente subjetivo, hemos traído como ejemplo el caso de la empresa de arquitectura BIOSIS y sus casos de éxito de construcciones en zonas extremas como en Groenlandia y Cánada (específicamente en Labrador).

Donde se puede decir que las condiciones climáticas son como remar en dulce de leche repostero.

Además, hemos sumado investigación sobre el ser humano desde el punto de vista neurológico, psicológico y social.

Si te preguntás sobre “el llamado del alma”, pues, hemos decidido no meter los pies en esa agua porque… es un tema muy personal, y vos te encargarás de eso.

Primero empecemos por definir: ¿Qué es una zona remota?

Para este post llamamos zonas remotas esos lugares geográficos que tienen climas extremos, donde la habitabilidad es poca.

Donde hay muy baja población, hay acceso limitado a servicios como escuelas, salud, comercio, etc. Donde estás bastante retirado de centros urbanos y donde movilizarte implica un desafío logístico.

Por ejemplo, acá podría ser Santa Cruz, Tierra del Fuego y, por supuesto, Antártida.

Ahora bien, empecemos a hablar sobre los beneficios que nos pudiese brindar vivir en zonas remotas:

1.      Conexión con la naturaleza:

Este es uno de los grandes beneficios que nos puede otorgar vivir en zonas remotas; ahora bien, ¿qué obtenemos nosotros cuando conectamos con la naturaleza?

Regulación neurobiológica: de esto hay evidencias científicas, no lo inventamos nosotros.

Está comprobado científicamente que cuando estamos en entornos naturales por un largo tiempo, nosotros:

Nos ponemos de mejor humor porque nuestros circuitos de dopamina y serotonina tienen una mayor actividad.

Nuestro estrés crónico tiene una reducción brutal: porque al estar rodeado de naturaleza, la actividad del cortisol baja, y se activan nuestras redes cerebrales de calma y relajación.

Hay una evidente reducción de trabajo del eje HPA (hipotálamo, pituitaria y adrenal); esto se traduce en una mayor facilidad de regulación emocional.

Psicológica y biológicamente hablando, estar rodeados de naturaleza por un mayor tiempo nos brinda un mayor sentido de conexión con la vida y con nuestro entorno; es decir, tenemos una mejoría en nuestra salud mental.

2.      Menos estímulos de afuera, mejores conexiones cognitivas gracias a estar en zonas remotas

Vivir en estas zonas remotas y, al estar rodeados de naturaleza, tenemos menos estímulos externos, menos ruido mental y menos conexión a redes sociales, noticias y otros sobre estímulos.

Esto nos otorga una mejora en nuestras funciones cognitivas, logrando:

Una atención sostenida y con enfoque: algo de lo que adolecemos todos en estos tiempos es en la capacidad de atención y foco, debido a la cantidad de sobre estímulos a los que estamos expuestos.

Nuestra memoria mejora y disminuye el ruido mental: caminar o estar en estado de contemplación nos activa nuestra corteza prefrontal, reduce el ruido mental y nos permite mejorar nuestra memoria.

Este último, gracias a la estimulación de nuestros sentidos. Además, el estado contemplativo es una actividad que ayuda a los músculos de la vista y mejora nuestro oído.

Nuestra creatividad aumenta, al igual que nuestra capacidad para la resolución de problemas: esto sucede gracias a la reducción del estrés cognitivo, a tener tiempo para aburrirnos, lo cual activa nuevas conexiones neurológicas.

3.      Nuestros ritmos circadianos se regulan y mejora nuestra calidad del sueño

Está comprobado que ambientes tranquilos con luz natural estable favorecen:

El equilibrio hormonal: Las hormonas femeninas se regulan, nuestros ciclos hormonales se regulan con los de la naturaleza, entre otras cosas porque disminuye el cortisol, la inflamación que ocurre cuando estamos bajo estrés, entre otros.

Nuestros ciclos de sueño profundo mejoran: cuando tenemos ciclos regulares de luz-oscuridad, nos ayudan a estabilizar la glándula pineal y a su vez regulan la producción de melatonina.

Esto hace que disminuya el cansancio y las nebulosas mentales.

Estabilidad emocional: Tener un ciclo hormonal regulado, baja inflamación y horas de sueño profundas hacen que nos sintamos emocionalmente más estables.

4.      Se adopta un ritmo más “slow living” cuando vivís en zonas remotas

Todos sabemos que el estilo de vida en estas zonas es mucho más tranqui, completamente diferente al que se vive en Buenos Aires, por ejemplo.

El adoptar un ritmo diferente si está alineado con el nuestro puede:

Brindarnos mayor presencia en las actividades físicas que llevemos acabo. Convirtiéndose el caminar, cocinar, trabajar la tierra, construir, etc., en formas de terapia para la mente y el cuerpo.

Adoptar estos ritmos más lentos podría permitirnos tener espacio para la reflexión, el autoconocimiento, una mayor calidad en nuestras relaciones interpersonales, mayores estados de consciencia, fortalecimiento de nuestra autonomía, resiliencia, entre otros.

5.      La autonomía y la resiliencia son otro plus que tenés al vivir en zonas remotas:

Vivir en estos espacios fomenta:

La autonomía, haciéndonos mucho más auto eficaces, curiosos y capaces de permitirnos vivir experiencias que en las ciudades ni pensaríamos.

Empezamos a valorar y a fortalecer nuestro criterio propio.

Es vital tener la apertura para ser adaptativos a los desafíos ambientales que sucedan mientras vivimos allí.

Gozar de un alto nivel de tolerancia a la incertidumbre.

Se nos activa un claro sentido de propósito y nos volvemos más resilientes.

¿Qué es importante que exista en estos lugares remotos más allá de la naturaleza?

Si bien la naturaleza juega un rol relevante, también es vital que exista una infraestructura cómoda, agradable, acogedora, segura, con materiales nobles y donde haya neuroarquitectura y neurodecoración.

Esto, por ejemplo, lo tiene claro la gente de BIOSIS, quienes en su proyecto de Nuukullak 10 en Groenlandia aplicaron en cada unidad lo siguiente:

Que estuviese orientado el balcón al sureste para maximizar la luz solar

Crearon los patios con forma de herradura para mantenerlos protegidos del clima; de esta manera, funcionan sin problema como espacios de transición y de socialización.

Se encargaron de preservar la topografía natural del lugar, para así mantener las vistas del paisaje.

Utilizaron en los interiores texturas y materiales que mejoran la experiencia sensorial y acompañan amablemente al sistema nervioso.

La ventilación interna fluye sin problema y es favorable para aportar una cantidad y calidad confortable para aquellos que se encuentran en dichos espacios.

Para aportar una sensación de seguridad durante los momentos donde el viento sopla fuerte, colocaron paredes protectoras contra el viento; de esta manera se activa el sistema parasimpático.

Hay conectividad entre los módulos; de esta manera pueden verse entre los vecinos; de esta manera, disminuye la sensación de aislamiento.

Otro aspecto muy, pero muy importante para vivir en zonas remotas es la integración social y la cooperación comunitaria

De esto habla BIOSIS y también un sinfín de estudios neuro, biológicos y psicológicos donde se destaca la importancia de socializar.

Es vital para la vida humana sentirse parte de una sociedad, una comunidad y la interacción con esta.

La ausencia de esta afecta nuestro cuerpo en todos los niveles y nuestro estado mental y emocional.

Un gran ejemplo de esto fue el 2020, donde el aislamiento mostró altas tasas de suicidio, depresión, obesidad, bulimia y otros trastornos y males asociados con las emociones, la mente y el espíritu.

Otro ejemplo puede ser cuando te mudas de país, y el cambio que sucede en ti cuando empiezas a sentirte parte del lugar donde te encuentras, de la comunidad, cuando haces amigos, etc.

No somos seres que nacimos para estar aislados; por lo tanto, necesitamos contar con una comunidad y una socialización activa para vivir saludablemente en cualquier lugar, y más si estamos en un sitio remoto.

El tener un rol en nuestra sociedad, colaborar con nuestro entorno y tener sentido de pertenencia nos brinda salud y vida.

Ahora, sabemos que no todo es color de rosa.

Que estas zonas remotas, por su clima extremo, su ausencia de ciudades cercanas, abundante población, difícil vialidad, pueden llegar a hacer en un abrir y cerrar de ojos la puerta del cielo a las puertas de la oscuridad y el miedo.

Entonces, ¿Cuáles son los mayores desafíos que te vas a conseguir?

La naturaleza en su versión inhóspita y amenazante

Si estás en zonas muy frías, períodos prolongados de ausencia de luz solar (ausencia de vitamina D y alteración de los ritmos circadianos) y períodos donde hay mucha luz (alteración del ritmo hormonal y circadiano y ausencia de calidad del sueño).

La sensación de estar aislado socialmente, si no se tiene la infraestructura para mantenernos comunicados y socializando, es muy fácil sentirse solo.

Esto genera un deterioro cognitivo, nos genera estrés, nos da ansiedad y depresión y nos genera dificultades para empatizar.

En psicología, esto se llama psicología del confinamiento y trae muchos problemas para el funcionamiento saludable de nuestro ser mental, biológica y emocionalmente.

Puede haber acceso restringido a servicios esenciales y a internet.

La paradoja es que, si bien vivir remoto te puede dar muchos beneficios, también te puede brindar varias limitantes porque:

Las oportunidades de trabajo pueden ser limitadas o con poca variedad.

Si trabajas remoto, puede fallar la internet debido a las condiciones climáticas.

Algunos servicios básicos pueden ser inconsistentes dado a los cambios del clima.

El costo de la vida puede ser mucho más elevado.

Puede pasar que se encuentren con comunidades con poca apertura a los foráneos y poca colaboración, lo cual repercutiría fuertemente en la salud mental.

Contar con espacios protegidos de los vientos árticos o del calor extremo en lugares como escuelas, urbanizaciones, empresas, centros comunitarios son vitales para promover las interacciones sociales al aire libre a lo largo del año.

Disminución de diversidad cultural, ofertas de empleos, propuestas recreativas, pensamiento, entre otros.

Los materiales para construir dichos espacios son mucho más limitados y pueden tener un alto costo.

alt zonas remotas

Si bien no necesitas irte a la Antártida para vivir un cambio, también es cierto que contar con espacios mucho más tranquilos nos ayuda a tener mejor calidad de vida.

Gabor Marté habla en su libro “El mito de la normalidad” sobre lo siguiente:

«Un cuerpo estresado puede tener altos niveles de cortisol, pero un cuerpo que ha vivido bajo estrés por mucho tiempo tiene niveles muy bajos de cortisol»… ¿Qué quiere decir esto?

Que podemos llegar al punto de no reconocer cuando realmente estamos en una situación de peligro, porque nuestro cuerpo vive en ese estado todos los días, todo el día.

Esto nos hace pensar hasta qué punto nuestra “normalidad es normal”.  Es evidente que todo extremo es malo, pero, ¿cómo obtenemos un balance?

Afuera, hay un sinfín de casos donde nos dejan ver que la idea de esperar que afuera nos resuelva nuestros problemas es una idea ridícula.

Es imperioso empezar a tener criterio propio y ejercer nuestra autonomía, como de responsabilizarnos por nuestras acciones.

Solo así podemos mejorar nuestra vida, sea aquí en la ciudad o en una zona remota.